jueves, setiembre 30, 2004

 

“Soy nietschiano y marxista”


"Si me derriban no extrañaré nada. El hormiguero del futuro me asusta y odio su virtud robótica. Yo nací para jardinero. Me despido, Antoine de Saint-Exupéry".

Hoy, hace 60 años, los nazis derribaron el avión de Antoine de Saint-Exupéry...
(¿seguirán riendo las estrellas?)

0.001 palabras

miércoles, setiembre 29, 2004

 

Normalidad

“¿Escribís?”
El muchacho me miraba detrás de sus ojos oscuros. Hacía calor, y la luz viscosa de la tarde se colaba entre la piel y la ropa.
Asentí.
“Entonces debés estar loca”, dijo casi con indiferencia.
Al principio me sorprendió, pero...
“Puede ser...”, respondí, y la frase flotó fuera de mi cuerpo como si me hubiera acompañado siempre.

domingo, setiembre 26, 2004

 

Calles que algunos ángeles olvidaron...

Dice Dolina que en su barrio corren dos calles hermanas, la de la vida y la de la muerte. Dice también que las calles son paralelas y no se unen jamás, excepto por una noche, en que ambas se juntan y forman una esquina mágica. Esa esquina no se ve seguido, y creo haber encontrado la respuesta; supongamos, sólo por suponer, que ambas calles no puedan existir solas. Supongamos entonces que ambas, atraídas la una por la otra, hallan decidido fundirse hasta olvidar sus nombres, hasta que sus cuerpos no les pertenezcan, hasta que el sabor que derrama el sudor de sus manos se desmaye en lo que nosotros creemos que es esa esquina. Entonces, a ese revoltijo de manos y de nombres, de encuentros y desmayos, alguien señala con el dedo y suspira; “Ahí va de nuevo la vida, besuqueándose con la muerte”.
Y así, algunos de los que saben mirar se detienen en silencio y observan, dichosos del espectáculo único que se derrite en las pupilas y se dibuja en la memoria. Y mientras detienen sus pasos para observar, dentro de los bares la gente cambia su charla para hablar de ellos. “¿Por qué se detienen?”, “¿Por qué miran?”, “¿Por qué, por qué, por qué?”.
Pero más lejos, dentro de los mismos bares y encerrados tras los mismos vasos, algunos hombres apuran el suyo y sonríen.
Saben lo que sucede en la calle, y están felices por ello. Saben también que muchas veces la gente no soporta la felicidad si no es de a cuenta gotas, y por ello no se permite descubrir que no pasa día en que las calles no se declaren en aquella esquina. Es por eso que, día a día, sufren por ser los únicos en descubrir los abrazos, y mientras saludan a la vida con un ademán melancólico, se hunden en los mismos rincones oscuros del bar, ahogando en el vino las charlas y las voces, etregándose un poco más a la muerte...

 

"La enfermedad de la sombra"

“Tanta paixón e tanta melodía
tiñas nas túas veas apreixada,
que unha paixón a outra paixón sumada,
neu breve corpo teu xa non cabía.”

Faustino Rey Romero

Hace unos dos años, Manuel Rivas (autor de, entre otras cosas, "¿Qué me quieres, amor?", de donde se extrajeron los relatos que inspiraron la película española "La lengua de las mariposas", dirigida por José Luis Cuerda e interpretada en uno de sus roles principales por Fernando Fernán-Gómez), dio una charla en la Biblioteca Nacional.
El escritor gallego comenzó leyendo un capítulo de su novela "El lápiz del carpintero", que terminaba con un republicano encarcelado, gritándole a los otros presos que se callaran y se dejaran de cuentos de viejas, que todos estábamos jodidos por la muerte.
"Tranquilo, Baldomir, tranquilo"- le contestaba el doctor Da Barca, otro personaje, uno de los que sabía de las cicatrices de la memoria - "Hablar es un esconjuro".
Hay personas que tienen una sensibilidad especial, que parecen encontrarnos antes que nos busquemos... quizá Rivas vea el esqueleto de las palabras, porque desmenuza las líneas con tal sencillez, que casi no sentimos cuando nos pasan por la garganta.
El escritor confesó también que muchos le preguntan por qué siendo tan joven situaba sus relatos durante la Guerra Civil Española. Y entonces nos contó, con la voz calma de quien planta las palabras en la gente, que Galicia estaba llena de brujas ("y muy guapas, por cierto", aclaró entre risas).
Cada una se encargaba de un mal distinto (tenían diversas especializaciones, como los médicos de hoy), y curaban a todos con su magia.
Pero a veces la enfermedad era tan grave, que nadie encontraba remedio. Para estos casos había brujas especiales, que se habían preparado más que ninguna. Y cuando el paciente iba a visitarlas, éstas sólo respondían;
-¡Pero si tu no estás enfermo! La que está enferma es tu sombra...-
"Por eso escribo sobre la dictadura", concluyó.
0.001 palabras

viernes, setiembre 24, 2004

 

Octubre

En los bares los vasos giran
abrazados por los mismos dedos marchitos
En la calle los muros se visten de palabras
o se ahogan bajo litros de pintura repetida

La Revolución
ya no crece al costado de la calle
y cada cartel que se agazapa en las columnas
le corta la cara con el puño cerrado
las frases construidas para ser mudas enmudecen
el vacío palpita bajo las fachadas...

Al que lloraba lo golpearon más fuerte
nadie escucha al que no tiene fuerza para gritar
quemaron los ojos de los que aun veían
mientras sonaban canciones creadas para embarrar
lo que todavía respira entre el humo

 

¿Una imagen vale más que mil palabras?
0.001 palabras

jueves, setiembre 23, 2004

 

El otro yo

César sabía que iban a traicionarlo. Algo había de diferente en la muchedumbre que se agolpaba a su paso, algo que siseaba como una serpiente entre las voces de los senadores, y se repetía en los rostros que se agachaban al verlo llegar...
No le sorprendió sentir el primer golpe. Los tajos de los conspiradores se sentían fríos, hasta ajenos... sólo la última herida le hizo recobrar el cuerpo.
“Et tu, Brute!”, exclamó al ver a su amigo entre los traidores, “¡Muere entonces, César!”.
Cuando leí esto por primera vez, me asombró que ese César agonizante se hablara a él mismo, casi ordenándose morir.
“Tu también, tu también”... las palabras de César debieron zumbar en los oídos de Marco Bruto.
“Tu también”... él estaba con ellos, César estaba solo.
Si Marco Bruto jamás había sido su amigo, quizás él tampoco había sido César... quizás sus últimas palabras fueron un intento de morir desnudo, de ser él aunque sólo fuera por un segundo.

miércoles, setiembre 22, 2004

 

Filosofía barata y espejitos de colores...

Bueno, tengo ganas de escribir.
De repente porque hay sol (tan fuerte que raspa los ojos desde la ventana), y porque viene envuelto en el papel de veranos pasados, esos que todavía caminan en la calle como fantasmas.
Hay veces que uno se levanta y se da cuenta que ese día no debería estar allí... por nada en particular, simplemente las cosas de siempre dejaron de pertenecernos y se refugiaron en algún costado de lo que fue, o de lo que podría ser y tal vez por eso no será nunca...
Luego el mundo se tranquiliza, la cadena de días que nos arrastra vuelve a tomar su lugar y nosotros con ella, como los obreros de una fábrica de monotonía.
Pero siempre queda ese gusto a escape, ese calor ambiguo de los recuerdos, ese sol que hoy está quemándose con los huesos de mis fantasmas...

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