viernes, diciembre 31, 2004

 

2004/2005


Se va el 2004, el año nuevo lo mira con la piel aún lisa, con ganas de saltar y embarrarse en la experiencia diaria.
Tiempo de despedidas, de listas involuntarias de rostros ausentes, de tareas inacabadas, de otras sin comenzar...
Tiempo de sonreír por los presentes, de repasar las piedras que uno ha ido juntando por el camino, y que llenan la mano que las protege.
¿Pero por qué ese balance, esa necesidad de realizar las cuentas finales de la vida-empresa?
En cierta medida lo hacemos todos, creo...
Por el momento no pienso preocuparme; como dijo T.S. Eliot,

"Quizás el pasado y el presente
estén presentes en el futuro,
y el futuro contenido en el pasado.
Si todo tiempo está presente eternamente,
todo tiempo es irrecuperable.
...Y no llameís inmutabilidad
al punto en el que el pasado y el futuro se reúnen...".

Salud, a encontrar el tiempo antes de que se pierda.
Muy feliz año.


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sábado, diciembre 25, 2004

 

Navidad

Andá a dormir, por favor, andate a dormir...
Él está tirado sobre un sillón viejo, la espalda repite la curva en la que se recuesta. Por supuesto hay cigarros, y humo, y gusto a encierro.
-Yo sé que te cagué la vida- dice sin dejar de mirarme.
Todo está limpio alrededor. Afuera el viento, las nubes más cenicientas que las baldosas sucias.
Lo veo ahí, flaco y gastado, y no puedo evitar pensar que no es real, que se escapó de algún libro de los que me gusta leer de noche, antes de que el sueño quiebre las fronteras que me separan del papel.
Andá a dormir, por favor, andate a dormir...
Me cuesta escucharlo... no es cierto que me halla cagado la vida. Sin él yo no sería yo, no sé quién sería ahora.
Ahora dice: “...me voy a ir a Valizas. Me voy a ir por última vez, para despedirme de tantas cosas... de los cuises, de las colchas de la abuela, de la tía Lita, de... No sé si será para siempre, no sé si volveré alguna vez. Te voy a dejar la llave de la casa, para que hagas con ella lo que quieras. Es una llave con muchas marcas, demasiadas... por eso te regalé la otra, la nueva, la que no tiene orificios; es una llave virgen, para que abras con ella las puertas que quieras”.
Sigo sin responder. Él no parece notarlo, y continua charlando conmigo-estatua.
-Desde ahora vas a ser responsable de tus decisiones. Yo te voy a acompañar, pero ya no soy responsable.
Una llave virgen, sin marcas... que ironía pensar que exista. Cada partícula de la llave debe estar gritando que hubo cuises, y colchas, y ojos enormes detrás de los lentes de la tía Lita.
Andá a dormir, por favor, andate a dormir...
-Yo quiero dar un paso al costado. Que hagas tu vida, yo soy parte de tu pasado.
Doble ironía. Vos, la llave de una casa que se despide. Yo, la imagen de la llave que todavía no empezó a vivir.
¿Qué pensabas, que no te tengo metido en los huesos?
Te quiero papá (aunque a veces me duela, aunque a veces también te duela a vos...).

domingo, diciembre 19, 2004

 

Semblanza de Oliveira

El cigarro iba y venía de la ventana a la boca, la mano repetía el recorrido con la mecánica de los ómnibus del centro.
-De verdad que no te entiendo, che... La traés acá, la dejás respirar entre nosotros, y de repente se dibuja en la pieza como el humo del cigarro, como la voz de la Fitzgerald brillando entre la mugre de ruidos que entra por la ventana.
Oliveira acarició el cuerpo pálido del pucho y lo enterró lentamente entre sus labios; Traveler aparecía borroso a través de sus ojos entrecerrados, casi tan nítido como el recuerdo de la mujer, que caminaba lentamente alrededor de la mesa.
-A woman is a sometime thing... trillado pero escuchable. Más escuchable que vos, que acabás de matar a tu dama de humo.
-Vos siempre con lo mismo, Horacio... te molesta la realidad, te jode que el Río de la Plata no se parezca al Sena. Lo único que hice fue contarte como era... el resto es culpa tuya. No todo es literatura.
-Sos demasiado vos para ser mi doppelgänger... ¿te das cuenta? Primero me hablás de una morocha linda, medio bajita, y con tres pinceladas me la dibujás en la cabeza, algo simple como un Miró... pero entonces burlás la poesía, la seguís describiendo y los trazos se vuelven opacos. Ya nada diferencia a la mujer de la máquina. Hay más poesía en el truco, o en un tiro en la cabeza.
-Vos tenés que estar loco, Horacio...
-El Río de la Plata no quiere ser el Sena... just pull the trigger.

jueves, diciembre 16, 2004

 

Patear una piedra


"'Do you know, I always thought Unicorns were fabulous monsters, too? I never saw one alive before!' 'Well, now that we have seen each other,' said the Unicorn, 'if you believe in me, I'll believe in you.'"
Lewis Carroll

Estoy leyendo Rayuela, de Cortázar.
Se trata de una edición de Andrés Amorós, llena de comentarios y aclaraciones.
Es un poco extraño para mí leer un libro así; me molestan los “autoritarismos literarios”, esa suerte de iluminación inconsciente que creen tener algunas personas (“lo que el autor quiso decir aquí”, “esta metáfora significa”), una falta de humildad que hace que le tenga escasa simpatía a los académicos y a los profesores de literatura.
Pero confieso que a medida que pasaba las páginas del libro, fui dejando que este señor se colara entre Cortázar y yo, y pronto fuimos tres pateando la piedrita e intentando llegar al cielo.
Me cuesta terminar este libro, no entiendo por qué... me ronda desde hace años, a veces me convence de que lo pellizque, otras se escapa como vino (lo que son las ruinas circulares, che...).
Esta vez no pienso soltarlo; se entreveró con demasiadas cosas, es muchas personas en muchos lugares, en diferentes cortes de tiempo (es un actor viejo que pensaba en París desde la cárcel, es un muchacho pintando circos en Madrid... es mi madre, mi madre que abraza a Rocamadour cuando ya no llora, pobrecito bebé Rocamadour...).
Qué sbornia da este libro, que mareo constante, qué vorágine de palabras... hasta cuesta recordar que soy yo la que lee, que del otro lado está Cortázar, que somos dos, que me está dando clases de tango... no, no, somos tres (¿lo habré olvidado?).
Pensar emborracha, uno termina metido en un líquido espeso que enmudece los miembros, lo único que existe es la cabeza, y adentro las imágenes se suceden como en una película de Kubrick, nada tiene sentido pero al final lo tiene, siempre lo tuvo (aunque no lo entienda nunca).
Me falta un poco de Calderón, las cosas están siempre tan ordenadas en las obras de Calderón... o en las de Alberti, que convierte el líquido pesado en océano, y uno se deja arrastrar como si fuera un pedazo del suelo...
Desde una ventana de Buenos Aires, Oliveira prende un cigarro y lo deja ensuciar el aire con un hilo grisáceo; ¿sabrá que lo veo desde mi casa, empantanada en un rincón de Montevideo?

domingo, diciembre 12, 2004

 

Voy a matar un tigre.
Lo escuché respirando en el cuarto, tan cerca de mi cama que parecía ser suya...
Se mueve despacio, el suelo apenas lo roza cuando camina; odio sus ojos fijos, odio su piel suave y los colmillos que reserva para quien la toque...
Voy a matar al tigre... lo haré con mis manos, siento la fuerza que fluye por mis dedos, siento las venas infladas de rabia gritarle a mi cuerpo que podría deshacer su carne al apretarla junto a la mía.
Su jadeo sigue recorriéndome los tímpanos, y mi cabeza lo repite con el movimiento dulce que tiene al avanzar hacia su presa.
Me acercaré cuando duerma, sé que se esconde junto a las cortinas que el viento pasea por la cabecera de mi cama (en noches como ésta, cuando uno no sabe si sentir calor o frío...).
Mataría al tigre... si el tigre no fuera yo.

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