viernes, abril 22, 2005

 

Mi imagen y yo

En algún papel leí, hace años, que el infierno estaba minuciosamente conformado por los ojos ocupados en mirarnos. La frase, entonces, no era de Borges ni de Sábato ni de Sartre ni mía.
[...]
En cuanto a mí, hace años que aprendí el arte de afeitarme al tacto, para evitar la opinión del espejo, para acudir al trabajo sin el peso de otra depresión.
Es que mi imagen - ustedes me lo muestran - avanza, desde hace tiempo, separada de mí.
Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando o invente historias que no son mías sino de ella.

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miércoles, abril 20, 2005

 

Hablemos sobre la nieve

Cuando despertó esa mañana la calle estaba inundada de nieve, una piel pálida que vestía las grietas y los colores.
No recordaba haber visto nieve nunca. Mientras miraba por la ventana, de alguna forma supo que sonreía.
Bajo aquel nuevo vestido el día se parecía a un feriado, o a un lunes de madrugada. Se respiraba una calma desconocida, como si la ciudad se hubiera mudado a otra parte, o no existiera ya... se respiraba el mismo aire que desprendía la mano de aquella muchacha del cine, cuando se acariciaba el pelo en la butaca de enfrente.
Sonrió.
La nieve había cubierto las risas fingidas, las voces que nunca gritan pero hieren, los silencios forzados, los individualismos...
Afuera todo era blanco.
Lentamente la gente se desprendió de su hogares y salió a palpar la nieve. Risas, risas de verdad salieron desde los rincones, y pronto no se supo qué cubría qué.
Pero pronto las cosas fueron diferentes... Con el correr del tiempo la nieve seguía cubriendo las calles, y algunos comenzaron a odiarla. Se reunieron, hicieron pancartas y carteles y los colocaron frente a sus casas. Sin embargo, otros la amaron desde el comienzo, y en cada barrio formaron centros para protegerla.
Mientras, la gran mayoría de la gente continuaba indiferente.
Entonces empezaron los debates, los ataques, las luchas violentas por ganar adeptos...
Todo empeoraba cada día, y fue así que...
Despertó.
Se incorporó unos segundos en la cama antes de levantarse. Cuando se acercó a la ventana, observó la misma calle marchita de siempre... y supo que por más que no la viera, estaba cubierta de nieve.

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