jueves, julio 21, 2005

 

El reformismo y la izquierda



Él era fuerte y débil como un marine.
Ella era frágil e invencible,
Como una guerrillera del Vietcong.

(palabras robadas al señor Rivas)


Los pasos de hoy
se burlan de los ecos del camino

El camino muele los ecos
los escupe lamiendo los pies que lo atropellan

El camino se enrosca y regresa
hasta morderse la cola con los colmillos
mientras sus gritos se cubren de pasos
que hoy regresan.

sábado, julio 09, 2005

 

“La vida en el espejo”

(Extracto de una entrevista realizada al Dr. Ian Henrikssön,
Master en Astrofísica de la Universidad de Viena).

“(...) El Dr. Henrikssön me recibe en su despacho. Todo se ve viejo, pero impecable. Incluso la apariencia del doctor lo refleja; un hombre canoso de cabello abundante, con la boca torcida en una mueca despectiva, casi elegante.
A modo de saludo me aprieta la mano con fuerza; “volvemos a vernos, Adolf”, murmura al tocarme.
Supongo que el viejo doctor nunca entenderá por qué dejé la física, o por qué abandoné la Universidad... menos aún que haya abandonado su clase.
Cuando uno lo mira sólo ve certezas, una cadena interminable de ellas que se van enroscando a su alrededor como serpientes, esperando el momento para aparecer y recordarle a uno que es humano, que ha tenido errores, y que lo corroe como veneno la incertidumbre.
(...)
Mientras hablábamos, el Dr. Henrikssön me ha mostrado un pequeño portarretrato con la fotografía de Sigmund Freud. Se ha entretenido un rato contándome anécdotas de él, de su experiencia como profesor en la Universidad. De cierta forma, se siente cercano a Freud...
Junto a la biblioteca que sostiene el portarretrato hay un gran afiche de Klimt; se lo señalo con una sonrisa, no es necesario hacerle notar que hay cierta ironía en la situación.
Me responde con la misma mueca de siempre; “él nunca debió haber salido de aquí”, susurra despreciando mi sonrisa.
(...)
No tengo miedo al decir que lo admiro. Lo hacía cuando era su estudiante, aunque mi vida se haya distanciado del camino que me mostró. Lo hago ahora como periodista, habiendo escuchado tanto y a tantos...
Antes de retirarme hay algo que quiero preguntarle; un hombre como él, que lleva sobre la espalda el recuerdo del holocausto, la muerte de sus compañeros fundida en las pupilas... alguien como él, firme, altivo, casi inhumano: ¿hay algo que haya cambiado su vida, algo sin lo cual no podría seguir adelante?
El Dr. Henrikssön permanece pensativo por unos instantes. Pueden verse las ideas corriendo por el interior de su frente.
Finalmente, levanta la mirada y me dice;“Sin duda, Adolf... las tabletas de chocolate”.

jueves, julio 07, 2005

 

Partida

Por segunda vez, en muy poco tiempo, veo mi nombre sobre una corona de flores...
Otra vez a detener el día por unas horas, a verlo escurrirse entre los sillones gélidos de una sala mortuoria, a ser invisible por un rato, después aparecer...
Las frases que llegan parecen armadas, pero son lo único que sale de la gente, como si su función fuera la de recorrer bocas distintas que las necesitan, y así poder existir...
Afuera mi abuelo fuma. Hay un gurí lindo con el que converso sobre Harry Potter (¿por qué uno tiene la idea de que debe hablar sobre trivialidades en esos momentos? ¿Qué le puede importar a él Harry Potter cuando mañana llegue a su casa y no esté su abuela?); mientras, a nuestro alrededor, todos comparten la misma idea. Algunos conversan sobre teatro, otros sobre política, y otros, quizás los más viejos, cuentan anécdotas que la involucran a ella, y al hacerlo se ríen, y luego callan.Afuera, entreverada con el humo de mi abuelo, la ciudad se escurre entre bocinas y pasos, entre palabras apuradas y papeles sucios, y el día le deja paso a otra noche igual a las otras (para quienes no están aquí).

martes, julio 05, 2005

 

Sírvanle otra al maestro...

“Pero creo que ya es tiempo de volver al tiempo, como ya dije, siempre perdido. ¿Quién no tuvo –el también- el impulso de gritar detente al dichoso momento fugaz?
Y perdido sin remedio porque la reconquista del momento que se hunde en la pérdida apenas vivido por la reiteración de hechos y circunstancias no puede ser más que una segunda experiencia.
Se trata, en suma, de otro momento. El cual ya se está hundiendo en el pasado.
La única tímida y tramposa esperanza de salvación se encuentra en el lema del escudo que creo fue de los San Martín: “Vive tu vida de tal suerte / que viva quede en la muerte”.Y en cuanto a mis libros perdidos me pregunto con frecuencia, nerudianamente: ¿Dónde estarán / entre qué gente / mostrando qué palabras?”.

Juan Carlos Onetti

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