lunes, agosto 22, 2005

 

Después de la música

Estaba buscando información sobre reproductores de mp3 cuando de repente, en una página de Mac me encontré con esto;

Una mujer de Memphis, Tennessee fue arrestada y acusada de asesinato en primer grado después de matar a su novio con un reproductor de música MP3, iPod. Arleen Mathers, de 23 años, fue arrestada después de que llamó a la policía local y admitió haber acabado con la vida de su novio. Cuando la policía llegó a la residencia de Mathers, encontraron el cadáver de Brad Pulaski, de 27 años de edad. Había muerto debido a traumas, después de haber sido golpeado en repetidas ocasiones con un objeto metálico. El arma asesina: una iPod MP3 player de Apple. A pesar de que no se había confirmado el motivo, la evidencia sugiere que el asesinato fue resultado de una disputa doméstica después de que Pulanski borró las canciones del iPod de su novia. De acuerdo con los policías que investigan el caso, Arleen estaba histérica cuando llegaron a la escena del crimen, y les dijo que había matado a su novio porque la acusó de bajar música de forma ilegal de la red, y borró sus dos mil canciones en MP3. Arleen reclamó que le había tomado tres meses construir su colección musical. La autopsia reveló que Pulaski fue golpeado en repetidas ocasiones en la cara y el pecho con un objeto metálico, y murió a causa de un derrame interno, según dijo el Dr. Felix Klamut, forense policiaco. De acuerdo con el sitio web de Apple, la iPod está hecha parcialmente de metal sólido, y ha sido reconocida por su resistencia al maltrato, golpes e incluso derrames de líquidos sobre ella. “Le tomó un rato morir”, dijo el forense. “Debe haberlo golpeado entre 40 y 80 veces con esa iPod. Su muerte no fue instantánea, eso es seguro”. Mathers fue arraigada el viernes en la noche bajo vigilancia especial. El Juez municipal estableció su fianza en 600 mil dólares, y tendrá que comparecer a una audiencia preliminar el nueve de marzo de 2004.

(Sin palabras...)

lunes, agosto 01, 2005

 

Exilio

No importaba saber que no debía estar ahí. Tampoco importaba que el lugar fuera oscuro, lleno de carteles viejos que tapaban las ventanas.
No conocía a nadie, y eso lo alegraba un poco. El mozo lo saludó con un sonido mecánico al verlo acercarse al mostrador.
- Deme una botella de Exilio-, pidió tocando instintivamente el bolsillo de su pantalón (sí, el dinero que tenía era suficiente).
El mozo lo miró con detenimiento.
- Señor, no se nos permite venderlo en botellas. Sólo puedo darle un vaso, es sólo un vaso por persona. Podría tener problemas con los inspectores si le sirviera más de esa cantidad...
El mozo se había explicado con claridad; tendría problemas si los inspectores lo veían con la botella... lo que no quería decir que no pudiera tomarse más de un vaso, tomar todos los que quisiera. Por algo estaba en ese lugar...
- Bien, sírvame un vaso entonces.
El líquido fue cayendo con delicadeza, hasta llenar las paredes de su cárcel de vidrio. Era claro y transparente, de un celeste tenue; como el del cielo algunas veces, cuando no hay nubes ni cosas que recordar.
El hombre lo tomó entre sus manos y sintió el calor que no tenía; luego levantó con firmeza el vaso, y dejó que el líquido celeste lo acariciara por dentro.
Exilio no era dulce, ni agradable de tomar; sin embargo a medida que lo inundaba desaparecían las cicatrices, y los recuerdos que lo asaltaban le provocaban risa.
Como aquel cartel que había visto antes de bajar del ómnibus; “Se es joven una vez, pero se puede ser inmaduro para siempre”, decían grandes letras negras sobre la cabeza de un muchacho, que alcanzaría la madurez pidiendo un préstamo inmobiliario en el American Bank.
- Mozo...- llamó.
No necesitó decir más para que el vaso estuviera lleno otra vez.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?